Crisis ambientales (clase 5)


¿CUÁLES SON LAS DIMENSIONES DE ESTA CRISIS GLOBALIZADA?

 La crisis ambiental continúa avanzando, haciéndose cada vez más compleja y globalizada. El debate ambiental ha evolucionado desde los años setenta, cuando se organizó el primer “Día de la Tierra” y la Conferencia de Estocolmo. Con frecuencia se escuchaba que personas o grupos como Greenpeace debatían y protestaban contra problemas más bien locales, tales como la tala de bosques, la contaminación industrial y nuclear, los derrames de petróleo, buscando responsabilizar a los causantes de estos desastres. Hoy en día es más difícil identificar o aislar al “responsable” de los problemas, debido a la influencia que ejercen los procesos de globalización económica, cultural, social y política.

 La comunidad internacional ha buscado espacios comunes para analizar y llegar a acuerdos para enfrentar conjuntamente esta crisis globalizada, con poco éxito hasta el momento. La reciente Cumbre Ambiental en Johannesburgo (2002), diez años después de la cumbre de Río, encontró que, exceptuando algunos esfuerzos entre países por recuperar la capa de ozono, no hubo grandes avances ni en logros ni en compromisos ambientales globales. Esta situación continúa poniendo en riesgo la supervivencia humana particularmente de las personas en zonas más pobres que tienen menos posibilidades de hacer frente a las adversidades ambientales recuperarse. Fue evidente durante la Cumbre que los intereses de crecimiento económico de los grandes transnacionales bancos países más poderosos han limitado los compromisos ambientales logrados. La falta de compromiso ambiental de potencias como Estados Unidos desanimó a otros de comprometerse, e incluso hizo que algunos países anularan sus compromisos anteriores. Los compromisos logrados se limitaron principalmente a asuntos de provisión de agua potable y saneamiento en países que carecen de estos servicios, cuyo costo será asumido por los países desarrollados.

 Un fenómeno de los últimos treinta años, quizás uno de los más preocupantes en la actualidad, ligado a la creciente expansión industrial y al consumo de combustibles fósiles, es el del drástico cambio climático en todo el planeta. Aunque el proceso es complejo, la mayoría de científicos coincide en que actividades humanas como la quema de combustibles de vehículos, la calefacción de viviendas en invierno, la industria, etc., aumentan las concentraciones de dióxido de carbono y otros “gases de invernadero” en la atmósfera, elevando así la temperatura mundial y haciendo que se derritan los glaciares, aumente el nivel del mar, se alteren los patrones climáticos, y se agudicen las inundaciones y sequías. Donde más se sienten los efectos nocivos son las zonas áridas con escasez de agua, y zonas costeras altamente pobladas en países económicamente pobres, donde el aumento del nivel del mar amenaza con desplazar a decenas de millones de personas.

No podemos ignorar el impacto que ejerce sobre el ambiente el sistema económico globalizado basado en principios neoliberales. Los países en vía de desarrollo son animados e influenciados a abrir sus economías y a privatizar los servicios públicos. Con ello, se abren las puertas para la penetración de capital extranjero. Parte de lo que atrae tales inversiones es la posibilidad de trasladar compañías transnacionales (en ocasiones muy contaminantes) a países donde los controles de contaminación son menores, lo cual reduce costos operativos. El sistema de libre mercado también puede llevar al abuso de los recursos naturales, en la medida que los países más poderosos especifican los términos de comercialización, protegen o subsidian sus propias industrias nacionales, y buscan que otros países brinden sus recursos ecológicos no renovables como materia prima para el mercado mundial.

 La intensificación de la producción agrícola es otro aspecto de la globalización con crecientes impactos ambientales. Las exigencias del mercado internacional de alimentos y la presión de la competitividad para producir en forma más y más rentable han conducido a la tecnificación para la producción intensiva de plantas transgénicas. Esta tecnología permite producir con mayor eficiencia en el corto plazo. Sin embargo, en el largo plazo genera graves efectos ambientales como la degradación de la tierra, la pérdida de biodiversidad, el alto consumo y la contaminación del agua, entre otros. En Argentina, la producción masiva de la soya transgénica mediante el monocultivo ha recibido fuertes críticas por minar la fertilidad del suelo y por contribuir al desempleo rural.

La sociedad actual puede definirse como una “sociedad de consumo”, y como tal también tiene grandes efectos sobre la ecología y la situación ambiental. La tala de bosques en el Brasil y muchos otros países tropicales es un ejemplo de un problema grave que avanza al ritmo impresionante de la sociedad de consumo: cerca de 45000 hectáreas de bosques desaparecen por día, con la ayuda de potentes máquinas de alta tecnología. Las altas ganancias de la industria del papel y de muebles, la exploración petrolera y de minerales, y los cultivos de exportación (incluyendo los ilícitos), y curiosamente también, ¡el consumo de hamburguesas!, contribuyen a este fenómeno.

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